miércoles, 5 de enero de 2011

DESCUBRIENDO PLANETAS

En un planeta muy extraño vivían seres muy extraños. Este planeta se llamaba Wenger.
Los habitantes del lugar tenían cuatro brazos y dos patas. Poseían dos cuernitos cortos y puntiagudos.
Eran muy, muy nerviosos.
Se paseaban de planeta en planeta, porque tomaban a cada uno como si fuera su propio hogar. Y algunos, de golpe decidían mudarse de casa!
Se alimentaban de una sustancia carmesí que extraían del suelo.
El planeta era irregular. Estaba repleto de plantas gigantes que no poseían ni hojas, ni ramas, ni flores, ni fruto alguno. La vegetación en este caso era color marrón amarillento.
En Wenger, nació una habitante especial entre otros cincuenta (que no tienen cuenta). A ella la llamaron Mili Nternita. Mili, se enojaba mucho con la mamá y el papá porque nunca la dejaban salir a cualquier parte. Sus padres la protegían de unos seres extraplanetarios que atacaban de manera permanente a sus habitantes.
Un día Mili decidió escaparse de Wenger. Y con un gran salto cayó en un planeta muy árido, conocido como Trabanco. En trabanco existía algo de vegetación, era muy escasa. Mili buscó seres como ella, pero no encontró a nadie. Aburrida y desilusionada emigró a Mansilla.
Mansilla era muy planeta muy lindo. Con muchísima vegetación. Tantas plantas había, que se formaban gigantescas trenzas. Eran imponentes y hermosas, de color amarillo oro, y brillaban mucho ante la luz. Mili estaba deslumbrada y desesperada por comer algo. Pero cuando decidió trepar esa vegetación para llegar a su alimento se resbalaba muchísimo. Como se cansó de trepar y trepar desistió y optó por buscar un planeta mejor.
En esta ocasión Mili migró a Chazo. Chazo era un planeta muy cerrado, su vegetación era marrón, casi chocolate. Era muy cálido. Había un gran edificio, como una gran cúpula que cubría gran parte del lugar. Mili creyó llegar al paraíso. Pero cuando decidió entrar se dio cuenta que era muy difícil, peor que Mansilla, porque la cúpula presionaba mucho y no dejaba ni un rinconcito para poder entrar. Mili tenía mucho, muchísimo hambre. Se sentó un ratito a meditar. Ya se estaba arrepintiendo de haber desobedecido. Tomo coraje y probó con otro planeta más.
Ella desconocía mucho sobre planetas. Y este era el más raro. Cuando llegó a Palacios sintió miedo. Las plantas aquí eran como gigantes resortes negros. Era tan negro todo, que parecía todo sombras. Todo era penumbra. Todo, todo…
Ella comenzó a escuchar una voz que hablaba demasiado. Pero igual se puso contenta. Había habitantes!!.
Siguió ingresando entre tanta maleza y llegó finalmente al suelo de Palacios. Caminaba tan apurada que se chocó con el habitante originario de allí. Se llamaba Armando Esteban Quito. El era muy guapo, charlatán y distraído. Cuando vio a Mili sus ojos se transformaron en rojos corazones y su sonrisa parecía de un enamorado. Nervioso, Armando saludó a Mili y cuando ella le respondió El se puso muy colorado, como un tomatito. Mili notó lo guapo que estaba Armando, quien le invitó a cenar del suelo más rico que había comido.
Así terminó esta historia de amor y aventuras… de planetas que se movían muy, muy cerca, dentro de un colectivo de la Ciudad de Córdoba. De parásitos que todos los días nos acechan. ¿Alguien sabe de quien hablamos?
De Iara Trabanco y Mónica Palacios.

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